Depresión. Factores implicados.

La investigación de las últimas décadas en el área de la depresión coincide en destacar una serie de factores que predisponen a sufrir episodios depresivos:

Se sabe que disponer de una red social suficiente es un factor importante de protección ante la depresión. Sin embargo, es frecuente la falta de algunas habilidades sociales en el depresivo necesarias para disponer de un círculo social eficaz en el que apoyarse en momentos de dificultad y al que sentirse vinculado.
Por otra parte, el depresivo suele albergar frecuentes sentimientos de indefensión y de falta de control sustentados en la creencia de que su conducta no influirá en el resultado de posibles acontecimientos adversos que pudieran sucederse. Así es que de producirse tales acontecimientos, tenderá a la pasividad abandonando actitudes de lucha y de búsqueda de alternativas de solución.
No olvidemos que las personas aprendemos soluciones óptimas ante las dificultades mediante la generación de alternativas, el ensayo de las mismas y la imitación. El depresivo, debido a las características antes mencionadas, tiene menos probabilidades de aprender y desarrollar estrategias útiles de afrontamiento ante el estrés y acaba fracasando. Además, las experiencias de fracaso tiende a atribuirlas a limitaciones personales que tiende a exagerar, sin tener en cuenta el papel que pudieran jugar otros factores ambientales o externos a él. Otros factores de vulnerabilidad se relacionan con el funcionamiento de determinados neurotransmisores.
En este contexto, muchos de los episodios depresivos se precipitan en la persona ya predispuesta, tras sufrir experiencias vitales de pérdidas ya sea por fallecimiento de personas queridas, rupturas sentimentales, pérdida de empleo…. En definitiva, cualquier cambio que signifique dejar de obtener aquello que resultaba gratificante o valioso. También es probable que suceda ante acontecimientos que implican una exigencia de rendimiento para el que no se siente preparado (podría ser un ascenso laboral) o bien, que resultan devaluadores para su persona, como podría ser compartir ambientes hostiles, críticos o con tendencia a ignorar los derechos y expectativas de la persona.
Tal y como se viene observando en las consultas de atención primaria, es previsible que en estos momentos de crisis aumente la población afectada de dicho trastorno. Contribuye como precipitante la pérdida de empleo, las presiones laborales, los ambientes críticos y hostiles que estallan en el hogar ante la posible pérdida de la vivienda, impagos, falta de medios económicos para hacer frente a necesidades básicas….
Una terapia dirigida a modificar conductas y pensamientos relacionados con los factores que predisponen a la depresión resulta indispensable para su tratamiento.

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