Expresar una opinión contraria con asertividad

Asertividad- Mostrar desacuerdo y expresar la opinión

Son muchas las situaciones en las que una persona puede estar en desacuerdo con la opinión de otros y no por ello opta siempre por expresarlo. Cuando cree conveniente hacerlo puede que lo haga con un estilo agresivo o asertivo.

Inhibir la opinión implica perder la oportunidad de dar a conocer un aspecto de sí mismo y de aportar un punto de vista diferente que podría añadir valor a la relación con el interlocutor. Sin embargo, la inhibición puede ser útil cuando uno considera que el tema de debate no tiene trascendencia alguna o se trata de un tema polémico y el interlocutor es un desconocido.

La forma agresiva de expresar desacuerdo aporta muchos riesgos: entorpece la escucha y con ello, la disposición a flexibilizar planteamientos pudiendo añadir nuevos problemas en la relación.
Es posible que se obtenga el asentimiento de la otra persona por sumisión pero con un coste en la relación con el otro que en muchas ocasiones es difícil de remontar y que incluso puede volverse en contra.
A pesar de ello, este estilo se utiliza con demasiada frecuencia. Es una forma primaria que guarda relación con la lucha por el poder bajo un esquema que señala un ganador y un perdedor.

La modalidad asertiva no sólo carece de las desventajas anteriores, sino que ofrece la posibilidad de mantener la autoestima de la persona.
El contraste de opiniones y si fuera necesaria, la negociación, permite alcanzar esquemas más evolucionados y creativos en el que ambos ganan.

A continuación se expone algunos pasos a tener en cuenta para expresar desacuerdo ante la opinión de otro y formular la propia de forma asertiva:

  1. Asegurarse de haber comprendido la opinión del otro. Una forma de hacerlo es parafraseando, es decir repitiendo, lo que se ha creído entender.
    Una forma similar y complementaria son las preguntas dirigidas a comprobar la comprensión. De esta forma, se da la oportunidad de clarificar malos entendidos y obtener una información más precisa antes de dar la propia opinión.En ocasiones y por diversos motivos, se da el caso de que tras la paráfrasis o la pregunta de comprobación, la persona niega haber sido el autor de lo que verdaderamente ha dicho…”Bueno, no quiero decir exactamente esto…”, “no, yo no he dicho esto…”. Puede entonces que matice lo dicho. En el caso de que sea así, es conveniente hacer de nuevo una paráfrasis o resumen buscando el compromiso con el enunciado, sobretodo si de ello se deriva alguna consecuencia o responsabilidad.
  2. Pensar en lo que va a decir y en cómo. De nuevo no es conveniente precipitarse en emitir la opinión contraria, con más motivo si ésta supone un compromiso en la acción. Puede retomarse el tema posteriormente, tras haber estudiado los matices que interesa introducir.
  3. Reconocer los aspectos positivos de la opinión del otro. Este aspecto es aconsejable, ya que así se predispone al interlocutor a estar receptivo ante la nueva opinión que va a escuchar.
  4. Mostrar desacuerdo de manera clara, firme y amable. En este punto es conveniente no mostrar signos de inseguridad como el titubeo, o el uso del condicional como forma verbal (yo propondría…, yo diría …). Es imprescindible utilizar el pronombre personal yo, o nosotros si representa la opinión de un colectivo. Aunque el mensaje verbal y no verbal es firme, el tono debe ser amable (sin alzar excesivamente la voz, sin negar la mirada, manteniendo una postura erguida y no altiva…).
    Una forma sencilla como “yo no estoy totalmente de acuerdo con tu opinión…”, será suficiente.
  5. Ser específico al describir la opinión con la que se está en desacuerdo. En esta fase hay que cuidar de no caer en descalificaciones personales ni en tonos acusatorios que sólo sirven para activar una conducta defensiva del interlocutor. Se trata de expresar desacuerdo sobre una opinión concreta del otro, no sobre su persona u otras generalizaciones. Por tanto, deberá evitar consideraciones del tipo “tú eres…” o “tú siempre haces…”.
    Un consejo…cíñase a informar sobre su desacuerdo en el tema actual y el aspecto específico que están tratando.Pensemos por un momento en el efecto que produce en el oyente la escalada de descalificaciones mutuas a las que nos tienen acostumbrados algunos políticos. Además de alejarse del entendimiento mutuo y de entorpecer el proceso de negociación, pronto se percibe un pensamiento deductivo erróneo, repleto de generalizaciones imprecisas, que poco tiene que ver con la realidad.
    El efecto en el oyente está claro, la incredulidad y la pérdida de interés.
  6. Dar razones que sustenten el desacuerdo. Aquí no se trata de justificarse, sino de aportar un análisis lógico sobre los aspectos negativos o las limitaciones que tiene la propuesta del otro.
  7. Dar la propia opinión formulándola de forma concisa. El enunciado debe ser claro, conciso, formulado en primera persona, y sin perderse en disquisiciones que se apartan del tema concreto.
  8. Resaltar las ventajas de la nueva opinión respecto a la del interlocutor. Esto otorga credibilidad a la opinión que se emite, además de aumentar la probabilidad de que el otro reconsidere su propia opinión.
  9. Obtener la reacción de la otra persona a la nueva opinión. La finalidad no es forzarla a que esté de acuerdo y que abandone necesariamente su planteamiento inicial, sino conocer cuáles son sus puntos de discrepancia, sus nuevas argumentaciones, o si fuera el caso, la conformidad y comodidad con el nuevo punto de vista.

Después de este proceso, más allá de lograr un cambio de opinión en el interlocutor, ambos habrán tenido la ocasión de enriquecer su punto de vista.

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